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Durante el trance del coronavirus algunos cocineros han buscado maneras ingeniosas de generar ingresos, al menos los necesarios para el pago de la renta, la nómina y sus proveedores. ”No es momento de hacer dinero ni de hacerse rico”, comenta Pedro Sañudo, dueño de Antolina, un restaurante en la colonia Condesa que encontró la fórmula para no quebrar y ayudar a niños en situación de calle con tres comidas al día. 

Ya antes de la pandemia, hace tres años, Antolina había montado un comedor comunitario para apoyar a los brigadistas, bomberos y voluntarios que ayudaron en el terremoto. Con esa experiencia, ayudar a un grupo vulnerable logrando a la vez un margen de utilidades para solventar sus gastos parecía una solución.

 “Al no poder montar un comedor comunitario por la sana distancia, buscamos a quien donar comidas hechas. Preguntando a mis colegas dí con la casa Hogar Fundación Renacimiento”, cuenta Pedro. En el primer acercamiento que tuvo con la casa hogar, localizada en Tepito, supo que estaba en problemas, pues muchos de sus donadores cortaron el apoyo debido a la misma crisis. 

“Cuando conocí a José Vallejo, el director de la fundación, me dijo que dentro de unos días tendría problemas para alimentar a los niños. Ese mismo día le aseguré que no faltarían alimentos en su mesa”. La primera tanda de comida salió con lo que había en los refrigeradores y el almacén de Antolina; después Pedro y sus socios Saray y Adolfo Schwalge, el chef, recurrieron a donadora.org, una ong que podía darles los fondos suficientes para cumplir con su palabra. 

Asi pudieron llegar puntualmente con las tres comidas a las tres de la tarde y durante cincuenta días hasta las puertas de la casa hogar. A raíz de este acercamiento, surgió la idea de capacitar a los niños en el oficio de cocineros y con ello darles una herramienta para subsistir en el mundo laboral. 

“Al momento no funciona como nos gustaría; muchos de estos niños se escapan o ya no regresan a la casa hogar, de manera que se pierde continuidad en la educación. Lo ideal es que tengan una oportunidad, que obtengan por medio de la cocina un trabajo digno”, apunta Pedro. 

Después de la primera fase con Donadora y con el esperado levantamiento del confinamiento, Pedro lanzará otra campaña, sólo que esta vez el equipo donará 2,500 pesos por cada cinco mil que pongan los demás. Será a manera de agradecimiento, ya que sus donaciones fueron indispensables para salvar al restaurante. Incentivo económico y a la vez moral, el salvataje lo está motivando ahora a introducirse en el negocio de la comida empaquetada al alto vacío. 

Un apoyo viralizado 

Otra modalidad de negocio con sesgo altruista ha sido Huacal, una iniciativa de los chefs Aldo Saavedra y Manuel Rivera, de Tierra Adentro, un restaurante de la colonia Portales. Durante 12 semanas fueron a la Central de Abastos y armaron despensas con lo necesario para la alimentación semanal de cuatro personas. 

La venta de huacales, como les llamaron a estos paquetes con hortalizas, frutas, verduras y hasta flores, a un precio de 250 pesos cada uno, surgió también con el propósito de apoyar a la Central de Abastos, su lugar habitual de compras. 

Desde la segunda semana los huacales fueron un éxito; de los diez pedidos iniciales subieron a cuarenta. El rápido incremento sugirió la posibilidad de rentar una camioneta y dar trabajo a dos choferes. Saavedra y Rivera comenzaron a regalar huacales a meseros y cocineros que habían sido despedidos de hoteles y restaurantes de la ciudad. Pero nunca imaginaron que la venta de frutas y verduras tendría un efecto inspirador fuera de la Ciudad de México

Gracias a las redes sociales, la historia de donar huacales repercutió en Oaxaca, Tijuana y Veracruz, donde fue replicada. En Oaxaca Omar Alonso, mejor conocido como “Oaxacking”, donó huacales ayudándose de subastas de arte de los autores locales de La Piztola, un colectivo cuyos stencils de respaldo a las causas sociales han viajado desde las paredes del centro oaxaqueño a los restaurantes Origen de Rodolfo Castellanos y La Olla de Pilar Cabrera, además de galerías de Estados Unidos y Europa. 

También se hicieron subastas para recaudar fondos con los tapetes de Teotitlán del Valle, el famoso pueblo de Tlalmanalli y las hermanas Mendoza, y con piezas de edición limitada de los artistas de serigrafía, stencils y street artOscar Xao, Arturo Negrete y Urek Rek. Todo fue vendido con éxito en cuestión de horas por medio de las redes sociales de Oaxacking. 

En la Ciudad de México y después de once semanas de confinamiento, Saavedra y Rivera lograron colocar mil huacales (muchos de ellos donados), mientras que en Oaxaca fueron 1,500 . “Algo que no esperábamos”, dicen, refiriéndose sobretodo al estado del mole negro, donde la ayuda llegó a sus confines más vulnerables.

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