Tierra Primero, Bodega Revelación 2026

Imperdibles

Tierra Primero de Mauricio Ruiz Cantú en Ojos Negros, es la Bodega Revelación 2026 en la Guía Catadores. Con esta empresa y Juguette, unió hilos en el mapamundi del vino.

Mauricio (36) llevaba dos años cursando la carrera de ingeniería en el TEC de Monterrey cuando dio reversa para explorar otros rumbos. En esa encrucijada comienza la historia de su bodega mexicana en el valle de Ojos Negros, Baja California. “con la crisis veía a muchos egresados que bateaban para encontrar trabajo o hacían trabajos que no tenían que ver son sus estudios”.

Además del futuro profesional incierto, la ingeniería no le apasionaba, de manera que buscó como hacerle frente al quiebre vocacional. Le llamaba la atención el vino y decidió trabajar durante una vendimia en los viñedos de Casa Madero, en Parras, Coahuila. Corría el año 2009.

Alllí encontró lo que estaba buscando. Pensó en estudiar enología en la Universidad de Davis, pero en Casa Madero le aconsejaron Adelaida, en Australia. “Parras es árido y caluroso, similar en clima al sur de Australia. Se suponía que allí entenderían mejor las condiciones de México”. En 2010 entró a la carrera de enología em Adelaida.

“Fue un proceso largo y complicado. Cuando me gradué quería quedarme en Australia pero mi visa era de estudiante. Luego Pernod Ricard me becó y entré a trabajar allí, en el área de tintos, en fermentaciones. Con el trabajo conseguí la visa y nació la idea de Juguette; quería hacer un vino en el que yo no fuera solo un eslabón en la cadena de valor”.

Conoció a Andrew Kalleske, viticultor y enólogo de Atze’s Corner, una afamada bodega boutique de Barossa, una de las regiones más emblemáticas en la producción de vinos. La relación le abrió el camino a la concreción de su proyecto. “En marzo de 2012 comencé a diseñar la empresa y en 2013 fue la primera cosecha de Juguette, Ahora tengo 36 años, entonces tenía 24”, incide.

“Juguette la saqué con mis ahorritos”, prosigue, “no fue hasta 2017 que comencé a rentar espacio para bodega y en 2021 compramos el terreno. No nació a billetazos, con un capital inicial; se fue haciendo, fruto de la operación. Tomó de ocho a nueve años vinificar en un lugar propio. La terminé de construir apenas hace dos años. La 2024 fue la primera cosecha en las nuevas instalaciones”.

“El concepto en Australia solía ser de vinos muy serios, estoicos y tradicionales. Rompimos el paradigma. No lo hicimos con una estrategia deliberada, representaba quien era yo, que tenía 24 años”.

Juguette no cuenta con viñedo propio, “todo es uva comprada”, refiere, “porque tengo el beneficio de trabajar con viticultores que tienen décadas con su viñedo, de manera que no tiene sentido la actitud de ‘voy a comenzar de cero y les voy a decir cómo hacerlo’. Hemos hecho relaciones muy buenas con productores que tienen viñedos de 25 a 80 años, lo que nos permite obtener vinos muy especiales”. Su producción está sobre todo destinada al mercado mexicano.

Las variedades de la línea Somos de Juguette son poco frecuentes, lo cual es parte de su originalidad: Albariño, Aglianico, Vermentino y, más recientemente Mencía, la cepa española originaria de denominaciones como Galicia, El Bierzo o Valedorras, “Juguette es popular en Japón, Estados Unidos y Reino Unido”, dice con orgullo. “Y estamos entre los 50 productores jóvenes top de Australia, acorde a la publicación nacional Young Gun of Wine”.

En México, al contrario que en Australia, el proyecto Tierra Primero comenzó con la compra de 42 hectáreas en Ojos Negros. “Compramos en 2014 y comenzamos a plantar en 2015. Y es que en México la uva buena no está en venta, la utilizan las mismas bodegas propietarias del viñedo y, en consecuencia, se dificulta hacer vino con uva comprada. Así que comenzamos de cero. Nuestros vinos son orgánicos y por tanto también los viñedos”.

Durante sus estudios en Adelaida Mauricio investigó de manera académica cuál podía ser la zona más apta para plantar, incluyendo su ubicación actual y Valle de Guadalupe, Santo Tomas, Querétaro, Aguas Calientes y Parras. Ganó Ojos Negros. La incidencia de heladas, dice Mauricio, ha sido la razón por la cual los viñedos no se expandieron más rápidamente. “Pero si las sabes manejar”, acota,”aunque no deje de ser un problema mayúsculo, lo dominas”.

“Algunas de las mejores regiones vinícolas del mundo tienen heladas, como Borgoña; mientras estén en un rango manejable, no son limitantes”, enfatiza. “Hablan de noches frías y potencial de calidad”.

En Ojos Negros ha recurrido a varias estrategias para lograr el control del fenómeno. “Regamos los plantes con aspersores automatizados situados en cada hilera, a fin de crear un ‘efecto iglú’; cuando el agua se hiela el sistema vascular de las plantas queda protegido… y utilizamos tres abanicos gigantes que cubren cuatro hectáreas. Pero los primeros años fueron muy difíciles”.

Mauricio pasa la mitad del año en México y el resto en Australia. En 2025 liberó la cosecha 2021 — la primera— de Descendientes de Charles Martínez, como bautizó su vino mexicano más importante, un tinto de cuerpo medio con una gran potencia frutal y taninos muy finos. “Se llama así para hablar de la familia pero rindiendo homenaje a las mujeres, pues el nombre resalta nuestro linaje por la línea materna”. Charles y Martinez son apellidos de sus abuelas.

Este tinto es el único de esa línea y a la vez la bodega cuenta con otras dos líneas, una de blancos, y una tercera en gestación. La acidez natural de los blancos les da una gran frescura y los hace más longevos. Ya liberó su cosecha 2024, tres varietales con la etiqueta Osadía: Chardonnay, Chenin Blanc y un excepcional Riesling, premiado como el mejor de esa cepa en esta edición 2026 de la guía.

La tercera línea lleva la etiqueta Dominio de las abejas. “Le pusimos así”, indica Mauricio, “porque vi que iba muy lenta la cosecha y cuando pregunté el porqué, me dijeron ‘es que no nos dejan, las abejas’ y sí, había muchas! Como somos orgánicos no usamos pesticidas y las abejas, cómodas para hacer allí sus panales, marcan el paso a la hora de cosechar”.

“Los de las Abejas son muy diferentes”, explica, “son más experimentales. No están filtrados, son jóvenes, frescos. Tenemos un vino naranja de Marsanne, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Trebiano y un Blend de Garnacha y Nero D`Avola”. Su Nebbiolo es de un clon del Piamonte. No tiene barrica, madura en concreto, y es fresco, joven, de taninos muy suaves.

“Los primeros tres o cuatro años de Abejas es su mejor momento, no los guardaría más allá de cinco o seis años”, indica. Esto los posiciona como vinos de consumo más casual y nada ceremoniosos, con una frutalidad vibrante. En el otro extremo están los de la cuarta línea, Mar de Roca, que están apenas llegando al mercado.

La bodega de Mauricio Ruiz, que rezuma creatividad y juventud, introduce en el mercado un aire de renovación y, a la vez, de rara destreza. Por eso y por la calidad de sus flamantes vinos, lo premiamos como la revelación de la guía Catadores 2026.

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