Jose Luis Durand

EN DEFENSA DE LA POESÍA

En general los seres humanos nos guiamos por emociones, que luego validamos con razones. La emoción es una de las motivaciones humanas mas auténticas y profundas. Se relaciona con nuestro cerebro primario reptiliano, que guía las necesidades básicas (alimentación, sexualidad, descanso). Luego la emoción es moderada y refinada (¿o no?) por nuestra corteza racional

Si llevamos este análisis desde una perspectiva positiva y lo aplicamos a cualquier industria, podremos entender las marcas premium de cada segmento, es decir las marcas de lujo. Estas tienen que ver con innovación, eficiencia, elegancia en el diseño, pero a la vez el precio se eleva muchas veces por el grado de aspiración que generan; es decir, no solo valoramos el objeto en si mismo, tambien las búsquedas y anhelos que hay detrás del objeto. De alguna forma estas marcas se vuelven una expresión de nosotros mismos.

La emoción e idealización son elementos importantes en el éxito de cualquier empresa y/o producto, no me refiero a esto desde una perspectiva de marketing, sino específicamente a diseño y creacion. 

La poesía es un estilo literario que expresa las emociones sin el encuadre racional, y lo que nos gusta de ella es que nos da un ligero atisbo del espíritu del escritor, sus intereses y anhelos. Es difícil escribir poesía porque requiere una introspección profunda, que te lleva a tus preguntas esenciales. Cuando en algunos festivales de vinos o programas de radio se dice “menos poesia y mas realidad”, o “menos blablá y mas gluglú”, de alguna forma se atenta contra esta búsqueda de ideales que encierra el vino.

Se que todo esto suena muy abstracto y a veces, para algunos, absurdo; pero no lo desdeñen, son  ideales y emociones los que han generado los grandes cambios en la historia, desde Grecia, Roma, el Renacimiento, la Revolucion Francesa y la Industrializacion. Los grandes vinos obedecen a las necesidades comerciales de calidad pero también -y de sobremanera- a una necesidad emocional. Lo difícil de esto es que para que la viña y la bodega subsistan no podemos descartar ninguna de estas dos variables, debemos trabajar ambas y equilibrarlas.

Las necesidades comerciales incluyen calidad técnica, que podemos definir como el uso del método científico en las decisiones de producción. La racionalidad que este método otorga, genera una calidad tangible, medible y repetible; ciencias como climatología, edafología, enología, biología, genética, ingeniería y economía, en pocas palabras el conocimiento humano adquirido por centurias, son puestas a trabajar para lograr un vino. 

Pero eso no es suficiente, ya que nosotros no le damos valor a un plagio, aunque sea una copia hecha con mucha inversión y calidad técnica; y ese es el problema de la globalizacion en técnicas y recetas, de la pasificación y maderización, que apelan a accesorios anexos a la viña como el azúcar y la madera. De algún modo, para sentir esa sensación de lujo requerimos que la historia, los trabajos detrás de cada poceso enólogico, de cada viñedo, de cada botella, expresen la verdad del viñedo y sus momentos.

El vino resultante debe ser original en términos de aromas vivos, limpios y nítidos; en términos de texturas queremos las de taninos dulces de piel y ligera madera que acompañe sin protagonismo; cualquier otra textura conduce a la sospecha; no queremos refermentaciones (aunque sean de levaduras nativas). En conclusión, queremos que los vinos expresen con claridad sus orígenes en cuanto a viñas y suelos, así como la atención, estudio y dedicación de los trabajos que se les dedicaron.

Las necesidades emocionales de un vino tienen que ver con lo intangible, como el tiempo dedicado al estudio y análisis de cada variable, las intenciones detrás de cada acto, el esfuerzo, la composición, los refinamientos que leemos en cada elemento y que nacen del amor y fascinación que le provoca al productor la viña, y de la respuesta de la viña a los cuidados que este le prodiga. 

Existe una relación de reciprocidad hombre-viña. La calidad de un vino es directamente proporcional al tiempo que un productor camina sus viñedos, es ahí donde nacen el interés, la curiosidad y los cuidados. Creo que al final los grandes vinos anclan su filosofía en esta idea, que los envuelve como un elemento místico que trasciende al hombre y a la naturaleza y que, al mismo tiempo, los une. 

Cuando un gran vino sucede, algo curioso sobreviene: su personalidad y carácter, definidos por el suelo del terruño y los cuidados que ha recibido, se vuelven obvios, siempre presentes; y entonces su expresión en aromas, sabores y texturas se eleva y habla del tiempo.

- Anuncio -
- Anuncio -

Artículos de este autor: