del vino y del buen vivir

¿Ya mero vienen?

Hasta hace no mucho tiempo México era un país que concentraba la atención de sus viajeros, nacionales y extranjeros, en los destinos de playa. Nombres como Acapulco, Puerto Vallarta, Ixtapa Zihuatanejo, Cancún o Puerto Escondido, por nombrar los más sonados, estaban en las mentes y los planes de todos aquellos que planeaban vacacionar por estos rumbos. No digo que el turismo en ciudades coloniales no existiera, pero la verdad, la infraestructura en cuanto a servicios hoteleros y  de transportes en poco se parece a lo que hoy podemos encontrar y los viajes a lugares como Oaxaca, Chiapas o Michoacán, se convertían en una especie de aventura en la que debíamos aceptar imponderables debidos a nuestra pasión por la improvisación, de la que, por fortuna, nos vamos alejando cada día más. Y es debido al profesionalismo de los oferentes de servicios turísticos de hoy que las cosas van cambiando. Ahora podemos encontrar en casi todas los sitios de interés, espectaculares hoteles con servicios de clase mundial, pero también pequeñas joyas a las que damos por llamar hoteles boutique, de estilo y calidad impresionantes sin detrimento del espíritu vernáculo de la región en la que se ubiquen. Es decir, una feliz combinación de lo espontáneo, de las raíces de lo nuestro y las comodidades propias de la hotelería y los servicios de vanguardia. A donde quiero llegar (o más bien habría de decir, a donde quiero que ustedes lleguen) es a estas tierras bajacalifornianas que cumplen con todas las expectativas del viajero moderno.  Deporte extremo, me dijo un habitante del centro del país, eso de viajar a Tijuana, para luego recorrer los cien espectaculares kilómetros carreteros que nos separan de Ensenada. Será porque estamos en el otro extremo de nuestro gran país. Ni tanto, es un viaje de tres horas y quince minutos en avión desde la Gran Tenochtitlán, con la enorme recompensa de llegar a la tierra del vino mexicano y al lugar en donde se produce la mayor cantidad de cerveza artesanal del país; por cierto somos la primera entidad que ya regula dicha actividad a nivel nacional. Y hay más: el surgimiento de una nueva cocina mexicana, y digo una nueva porque tenemos muchas y muy variadas. Nosotros queremos contribuir con una gastronomía rica en productos vivos y frescos: mejillones, abulones, ostiones de diversas especies y origen (Kumiai, Kumamoto, de Bahía Falsa y muchos más), almeja Pismo, Chocolata, Chiluda, Manila.  Callos garra de león, de hacha. Percebes, erizo fresco, langosta y un largo etcétera, sin olvidarnos de los quesos de Real del Castillo, próxima Denominación de Origen mexicana, cuyas queserías se ubican en otro de nuestros valles, el de Ojos Negros a sólo hora y media al este del puerto.  Todos estos ingredientes cocinados con un estilo único y original. Y de los vinos qué les digo. Poco más de cien bodegas de todos tamaños, colores, aromas y sabores. Vinos blancos frescos y frutales, rosados que más bien son sonrojados y tintos desde suaves y sencillos hasta fuertes de cuerpo y carácter complejo. Yo les recomiendo que se dejen querer, que se consientan unos días y no lo piensen dos veces. Pequeños hoteles de lujo, restaurantes en medio de viñedos, bodegas con vistas espectaculares. Relajo y relajamiento en armonía. Ustedes pregunten y yo los atiendo. miguel@dionisiodelvalle.com Visitas a la tierra del vino como dios manda.