del vino y del buen vivir

Soy vino

Cuando los catadores hablamos de vinos, siempre resalta un dejo de esquizofrenia, ya que a menudo nos referimos a ellos como si fueran personas. Hablamos de su cuerpo, describiendo las piernas, de su volumen, de lo que emana… en fin, una verdadera obra de locura.

He llevado esta esquizofrenia al punto de comparar los vinos con sus conciudadanos, haciendo un paralelismo, a menudo muy eficiente, entre lo parlanchines que son los españoles y lo aromáticos que son sus vinos. Para los franceses, es muy fácil: algunos son igual de mamones que ellos, tardan en abrir, los aromas van llegando poco a poco y en algunas ocasiones son difíciles de captar….

Por cierto, esto lo puedo decir yo sin problema alguno, ya que tengo pasaporte para poder hablar pestes o no de mis compatriotas galos. Y es justamente esta mamonería de los vinos franceses lo que me enloquece. Los vinos como las personas fáciles de leer tienden a aburrirme un poco… me gusta el misterio.

Pero retomando este tema de la locura, y en corto la mía, ayer tuve la oportunidad de beber un vino de mi año; nació pocos meses antes que yo, así que para fines prácticos tenemos aproximadamente la misma cantidad de canas. No es la primera vez que me proyecto en una botella. He tenido la suerte de catarme varias veces. Para que vayan sacando cuentas, mi añada es 1970. Robert Parker me califica de una manera un tanto irregular. Oscilo entre los 80 puntos con Alsacia hasta 93 con Piamonte: como la vida misma.

Mi primer encuentro conmigo misma fue hace muchos años. Un cliente, hoy amigo, me abrió un burdeos de mi año para mi cumpleaños, fue un momento magistral, el vino estaba igual de vivaz que yo en esa época. Lleno de matices, con vida aun. Me parece que fue un Château Haut Brion…. Debo decir que recuerdo más la velada completa que el vino, lo que habla muy bien de mi amigo.

La siguiente ocasión fue hace un año: mi padre me regaló una caja con varias botellas de 1970, advirtiéndome que no abriera ninguna, que eran más obras de arte que vino… jajajaja, es como decirle a un niño “aquí tienes esta paleta, mírala y no te la comas”. Me lancé al día siguiente sobre mi descorchador y abrí un Château Mouton Rothschild. Ya se sentía un poco cansado, aunque aun tenía algunos dejos de grandeza.

Y la última fue ayer: un Charmes Chambertin, también abierto en compañía de muy buenos amigos, como tiene que ser. Y aquí fue un gran golpe al ego. Me encontré cansada, con notas de oxidación, básicamente ya me pasé… A mis edades, verse a través de este espejo no es forzosamente halagador. Más con una añada como la mía, donde hay de chile de dulce y de manteca.

Tendré que confiar en que mi denominación de origen, Delegación Cuauhtemoc, tenga mucho mejor calificación y sea más longeva que estos vinos.