del vino y del buen vivir

New Orleans tiene lo suyo

Esta última semana la pase en Nuevo Orleans. Mi viaje fue motivado por la obtención de mi séptima certificación en este inagotable mundo que ofrecen los  vinos y los destilados. Este año mis estudios se pronunciaron por los destilados. Como si el tiempo me sobrara, en febrero cuando todavía el año gozaba de cierta tranquilidad, decidí estudiar a fondo sobre Licores, Destilados, Vermuts y coctelería; y aprovechar para certificarme oficialmente en el tema. Me pareció relevante no solo por atender mi continuo reto intelectual de seguir aprendiendo sobre bebidas sino por que he estado trabajando con Mezcales, Ginebras y Whiskies los últimos meses y qué mejor oportunidad para poder avalar mi trabajo en la materia.

Además de divertido y enriquecedor me permitió adentrarme en todos esos momentos históricos que han marcado el origen de cada bebida. Entender el entorno geográfico y cultural resulta importante para comprender que la Ginebra inicia siendo un tónico para la malaria, que el London Dry es un estilo no una denominación de origen; que el Calvados Domfrontais es de pera, no de manzana, y tiene una denominación propia. El mundo del vermouth, los bitters y las bebidas amargas a base de quinquina y absinthe que tuvieron origen en Turin, cuando aparece la primera bebida amarga que calmaba los estómagos descompuestos y de paso el cuerpo y el alma.  La importancia de las hierbas, flores, frutas y bayas en la elaboración de licores;  sin faltar tequila, mezcal, whiskies de todo el mundo, cognac, brandy, armagnac, calvados y así cada una de estas enriquecedoras bebidas que tienen una razón de ser, de existir y de permanecer. Cabe mencionar que Nuevo Orleans es la cuna de la coctelería americana; tragos como el Mint Julep y el Sazerac fueron inventados ahí, por lo que presentar  el examen en esa ciudad tenía todo el sentido.

Aprovechando mi viaje logré adentrarme en la ciudad, reconocer un Nuevo Orleans post Katrina que lo dejo devastado en su momento y lo que se ha logrado levantar después de la tragedia. Un riverwalk al lado del Mississippi restaurado, muchos hoteles renovados y una nueva gastronomía. No puede faltar la cocina típica del sureste de Estados Unidos, como las as sopas espesas a base de tomate con mariscos y hierba, como el Jumbo o el tan New Orleans Jambalaya o el Po´ Boy, un emparedado con fresco pescado frito y pan recién horneado. Los divinos beignets son para morirte de buenos. Una masa deliciosa parecida a la de las donas (pero mejor) frita al momento, bien  esponjosita  y tapizados con azúcar glas. Me pregunte varias veces por que no se le da más auge a esta  gastronomía autentica criolla y cajun tan del sur, que tiene una razón de ser basada en la cultura del mestizaje. Basta visitar R-Evolution, o GW Finn para ver que la ciudad no se queda atrás en vanguardia gastronómica. Dumplings de Langosta, lonjas de foie con garnituras criollas, pescados cocinados a la perfección con refinadas salsas. 

Qué decir de la música: la llevan en el corazón. Jazz todo el día, a toda hora, en la calle, en los bares, en los restaurantes y negocios, inunda la atmósfera.

Encontré una excelente opción para pasar unos días comiendo bien, bebiendo ricos cocteles, escuchando jazz y visitando los diferentes quartiers que nos enseñan que después de la tragedia existe una mejor forma de vivir.