del vino y del buen vivir

Jancis Robinson en Baja California

Entre los llamados gurús del vino existen, como todo en la vida, personas con carácter constructivo, mentes preclaras que gustan de compartir sus experiencias, sus anécdotas y los resultados de sus viajes sensoriales y los destructivos, mal intencionados e intrigosos, quienes sólo encuentran lo malo en todo lo que ven, huelen y tocan.  Jancis Robinson pertenece, en mi opinión, a  los que conforman el primer grupo. Navegar entre las hojas de su World Atlas of Wine es una especie de ruta del tesoro que todo enófilo debería surcar en algún momento, escrito, por cierto, de la mano de otro ilustre súbdito inglés, el afamado Hugh Johnson.  Hace unas semanas, invitada por el enólogo mexicano Hugo D´Acosta, estuvo en el Valle de Guadalupe para participar, entre otras actividades, en una cata de veintisiete vinos bajacalifornianos entre los que hubo cuatro blancos varietales, un duovarietal, cinco varietales tintos y diecisiete vinos cuyas mezclas sólo son posibles en los países del llamado Nuevo Mundo. La prueba de los vinos se llevó a cabo en un salón de la recién inaugurada Vinícola Bruma, impactante proyecto arquitectónico del Arquitecto Alejandro D´Acosta, hermano de Hugo. Estuvieron presentes algunos de los  enólogos que vienen marcando el rumbo del vino peninsular: Cristina Pino, de Monte Xanic, Christopher Gaerner de Vinisterra, Daniel Lomberg de Adobe Guadalupe, Emevé e Hilo Negro, Thomas Egly de Paralelo y nuestro anfitrión, Hugo D´Acosta. 

 Jancis Robinson probó todos los vinos y, como era de esperarse, hizo muchas más preguntas a los productores  que dar opiniones personales. Era de esperarse que uno de los temas que tarde o temprano afloran cuando de vinos bajacalifornianos se habla, es el de la supuesta salinidad de nuestros vinos. Mientras Jancis cataba y tomaba nota de los vinos que desfilaron ante su nariz, ninguno de ellos por cierto bajo el influjo de la sal, hizo algunos comentarios que llamaron poderosamente mi atención. Coincidiendo con un testimonio que había escuchado de Hugo hace unos años, dijo que tenía la impresión que los vinos que estaba probando, reflejaban más el carácter del sitio que las características de las variedades con que estaban elaborados. Cuando surgió el tema de las uvas preponderantes de nuestra región, las opiniones de los enólogos fueron más o menos unánimes, en el sentido que todavía estamos, y queremos seguir por un tiempo en una etapa que podemos llamar experimental. Estamos, como se dijo también, aprendiendo a conocer el terruño. Los registros enológicos de todas las variables que inciden en la producción de la vid son todavía incipientes y no es el momento de seleccionar a la Miss México, en términos de variedad insignia. Su respuesta fue, me parece, contundente: es deseable que no les suceda lo que a Chile con la Carmenere. Vale la pena meditar sobre el asunto. Al final de la jornada le pidieron a Jancis que escogiera algunos de los vinos para disfrutarlos con la comida a la que acudimos al final de la sesión en Deckman´s en el Mogor.  No es difícil notar algo que siempre nos emociona cuando recibimos visitas. La cocina de esta tierra está enamorada de nuestros vinos y eso es algo que cautiva a quienes aprecian la buena gastronomía y los vinos honestos. Drew Deckman es un extraordinario ejemplo de la desfronterización de nuestro mundo.  Jancis y Nick su esposo, testigos de un acontecimiento extraordinario: una de las últimas cocinas mexicanas en emerger tomada de la mano del tesoro líquido de estos pródigos valles.