del vino y del buen vivir

Agricultura familiar, la ultima frontera

Justo en medio del verano más intenso del que se tenga registro, con lluvias preocupantemente esporádicas y calores cada vez mas prolongados. Desde la precaria aridez. Es obligatorio, si es que queremos subsistir como especie, hacer una pausa y reflexionar sobre lo imprescindible. La indiferencia no tiene lugar. En este contexto, el tema de la agricultura familiar representa una vuelta al origen, no solo de manera figurativa sino en en un sentido mucho más amplio.

Volver a la parcela es recuperar texturas, sabores y colores que hasta ahora hemos dejado pasar desapercibidos y que nos constituyen como comunidad; es calibrar la brújula para ubicarnos en nuestro sitio. Ubicarnos donde podemos comer, beber y actuar en correspondencia. Es sustentabilidad, pertenencia y supervivencia.

Muchos años atrás la vida era mas simple. Pequeñas comunidades consumían todo aquello que les proporcionaba su entorno. Cosecha, recolección, caza. Actividades regidas por la lógica de lo circundante. En perfecta armonía, involuntaria quizá, pero armonía al fin. El hombre determinado por su entorno y el entorno determinado por el hombre. Simbiosis generadora de valores únicos e irrepetibles. La cultura en su estado primigenio.

Pero las cosas han cambiando. En la actualidad el hombre consume paseándose por laberintos infinitos repletos de productos provenientes de las más remotas latitudes. Autoimposición hedonista. Fijación por hacer de la excepción una costumbre, del capricho una norma. Construcción ficticia de aquella leyenda del paraíso terrenal donde solo bastaba estirar la mano para obtener lo que uno quisiera. Homo sapiens sagradus amo y señor de todo aquello que le rodea (y de lo que no lo rodea también). ¿Piña de Belice? ¿kiwi de Nueva Zelanda? ¿aceitunas españolas? ¿Carne USDA? ¿vino francés? ¿Porque no?. Los supermercados como un vergel artificial dador de cosecha global los 365 días del año. Triste ilusión óptica.

La factura tarde o temprano se tenia que saldar. La cruda del día siguiente ya nos alcanzó. Según el amplio consenso de la comunidad científica, nos restan unos 30 años para detener este deterioro. Por lo pronto, regresando a lo local, que sirvan estas fiestas de las vendimia para recordarnos que es una celebración que se hace en honor a la cosecha de la uva y que, espectáculos y cenas maridaje aparte, nuestra vocación como productores es primordialmente agrícola. Eso es lo que nos constituye y lo que nos hace únicos e irrepetibles. Defendámoslo y preservémoslo para entregarlo así a las nuevas generaciones. Estas, seguro, sabrán hacer lo propio.

Salud.