del vino y del buen vivir

Vino en red

El vino reúne. Nos juntamos para catarlo; algunos armamos grupos de cata y nos divertimos catando a ciegas y haciéndole descubrir a los demás los caldos nuevos o las cosechas trascendentales. El vino así solito es, sin duda, un gran punto de reunión para los que lo amamos.

A su vez, espacios virtuales como las redes sociales han logrado crear momentos de diversión que reúnen a los amantes de algún tema. Lo de hoy son las redes sociales, de eso no le cabe a nadie la menor duda. Desde que Facebook invadió nuestros momentos de soledad y de ocio, muchas cosas han cambiado en nuestra sociedad. Campañas electorales se han decidido en la red. Suicidios, encuentros, matrimonios… en fin, la vida misma corre por los cables de fibra óptica como si fuera nuestro sistema nervioso. Nadie puede vivir sin ellas.

Pero que una red social una a sus seguidores a través del vino, me pareció especialmente interesante. De momento estoy dando una maestría de vino en el Cessa, una universidad especializada en gastronomía. A mi cargo quedó, como tenía que ser, Francia, con todos sus bemoles y sus múltiples dificultades. Tengo la teoría de que aún cuando le pueda caer bien a la gente en general, después de someterse a mis clases y a la interminable lista de Denominaciones de Origen Controladas francesas, los alumnos no tienen más remedio que odiarme.

Durante dichas clases cerramos la sesión con una cata de los vinos cuya región fue el objeto de tortura de ese día. Cada vez que una botella hace su aparición, los alumnos desenfundan en ese segundo su celular y rápidamente le toman fotos a la etiqueta. Al principio pensé que esta era una técnica, un poco como la que yo uso, de utilizar el teléfono móvil como memoria alterna. Cuando decido que definitivamente no voy a recordar algo, algún nombre, un objeto, una situación, pues le tomo foto.

Así que inocentemente pensé que mis pupilos deseaban simplemente recordar las etiquetas que les escogí para ampliar su conocimiento de Francia. Aquí estuvo el error: estaban hilando una telaraña de la cual yo era mero accesorio. Así supe que son parte de una secta que yo, amante del vino desconocía: la de la aplicación Vivino.

Aquí el procedimiento es que, además de tomarle foto, cada quien por su lado ingresa esta imagen a una suerte de Facebook del vino. Esta aplicación ultra sofisticada reconoce, en la mayoría de los casos, la etiqueta, y descarga las críticas de los otros usuarios así como sus calificaciones.

Hace ya varios años escribí en esta columna una nota sobre los críticos de vino y, sin mucho miedo a errar, sostuve en ese momento que cualquier bebedor con un teclado de computadora a la mano era un crítico potencial. Ahora la distancia entre el periodista especializado y el crítico amateur es aún más corta. La maravilla de esta aplicación es que, además de subir “críticas” y opiniones, tiene la divertida opción de seguir, tal como lo haría en Twitter, a los bebedores y saber al instante qué es lo que están bebiendo y qué opinan de dicho trago.

Lo que más me divirtió de toda esta actividad virtual, eran las discusiones que desatan algunas botellas, tanto por su calidad como por su cantidad. Si subiste pocas fotos…. es que no has bebido; si subiste muchas y no invitaste… eres de lo peor!

Durante mi clase, fui iniciada en esta app y me pareció absolutamente maravillosa. Luego de identificar el caldo, el usuario tienen la opción de poner la añada que efectivamente esta bebiendo. Es increíble. Es como tener a Robert Parker o a James Suckling en el bolsillo. Con la variante de que en el momento en que ingreso mi calificación soy yo la James Suckling... y la Robert Parker.

Lo que me maravilla, es que algo tan “milenario” como el vino, tan clásico, tan básico para ciertas culturas, sea foco de atención para una cultura virtual. El vino lleva 2000 años en boga; y entre más pasan los años más se renueva, más nos sorprende, más nos une.

No estoy abogando por el alcoholismo, sino por el hedonismo, por el consumo medido, siempre acompañado de cultura y conocimiento. Los placeres nos salvaran de la soledad, de la miseria cultural. Ya sea una copa llena del liquido de Baco o el bocado de un extraordinario taco callejero. Y ahora, una red social nos reúne, nos invita a probar caldo nuevo, nos estimula a seguir reuniéndonos. ¿Que más puedo pedir para navidad?