del vino y del buen vivir

Secretos de Alcobas

Al entrar a Las Alcobas, en el corazón de Polanco, uno se siente bien recibido por los colores neutros, gris, arena y las maderas, de una decoración sobria que propicia la calma. Un gran molcajete donde hay sembrada una nopalera con sus tunas rojas, junto a un espejo de agua de mármol negro, visten el ambiente de una calidez inesperada. El diseño de interiores y los muebles del hotel tienen el sello del despacho de diseño Yabu Pushelberg, con sede en Nueva York y Toronto, pero muchos de los objetos fueron elegidos personalmente por Samuel Leizorek, socio principal del hotel, quien se propone conciliar lujo con identidad local. Las artesanías son las encargadas de esto último: ollas de barro bruñido o de esmalte verde que, por la forma en que se integran al entorno parecen más piezas de arte contemporáneo que de arte popular mexicano. Las paredes de las habitaciones alternan texturas diferentes, algunas recubiertas de piel bordada, otras de arenas grises donde resaltan grecas inspiradas en diseños prehispánicos con el estilo discreto e inconfundible del diseñador; los muebles son de madera de palo de rosa y la nota verde proviene de un pequeño cactus que, además de ser decorativo, tiene propiedades relajantes. Pero también hay sorpresas: en el clóset un alebrije de Oaxaca da la bienvenida y, al abrir las puertas del minibar, que por cierto son una imitación del gran portón de la Catedral Metropolitana, se ve una sillita colorida, repleta de dulces mexicanos. En el refrigerador hay Chaparritas y refrescos Lulú, detalles que dan otro acento mexicano con una cierta ironía del cliché nostálgico. El hotel propone una experiencia que se adivina diferente desde el nombre, pues el vocablo alcoba remite a mucho más que una habitación cualquiera; implica lujo e intimidad. Mobliario, objetos y servicios contribuyen al mismo obetivo: al entrar al al cuarto una bebida refrescante recibe a los huéspedes; por las mañanas, el despertador llega de la mano de un café, un jugo o un smoothie del sabor predilecto. Las camas están vestidas de linos y algodones de la casa italiana Rivolta Carmigiani, especializada en textiles pensados para consentir, con su efecto de confort y frescura. Aquí también la calidez se da la mano con la tecnología: en el buró, un asistente digital permite abrir o cerrar las cortinas, regular la temperatura y la luz según la actividad: lectura, romance, relajación. Los baños cuentan con spa propio, incluídas tinas de hidromasaje dotadas de cromoterapia, aromaterapia o burbujas de champaña y una regadera vichy: en materia de jabones naturales hay para elegir: avena, cacao, hierbas, entre otros aromas. Los anfitriones son asistentes personales que hacen las veces de concierge y mayordomo. Sus servicios incluyen la elección de los aromas e ingredientes del baño, llevar la ropa a la tintorería y encargarse de que esté lista a tiempo y, claro está, la ayuda con reservaciones y recomendaciones de toda índole, algo nada desdeñable en la ciudad de México. El Spa Aurora es pequeño, pero ofrece tratamientos de vainilla, agave y maíz, combinados con piedras de obsidiana, por ejemplo, o corteza de Tepezcohuite; el de cacao es el tratamiento insignia. Llama la atención que, en lugar de escuchar una campanita oriental para marcar los momentos del masaje, un pequeño tambor tarahumara indica que una etapa termina para dar paso a la siguiente. A todo esto, se agrega un servicio innovador en México, “Mi segunda casa”: es la posibilidad de dejar prendas y objetos personales en el guardarropa privado del hotel, una garantía de lealtad mutua y un paso más en lograr que lo personal sea de verdad propio, pues al regresar allí estarán nuestras cremas, perfumes y objetos predilectos. Gastronomía Mención especial merece Dulce Patria, que se ubica al lado del hotel, un restaurante mexicano con las propuesta de la chef Martha Ortiz. Ofrece experiencias gastronómicas del México contemporáneo gourmet. Y por venir, La Cantina de al lado (también por Dulce Patria), será una cantina íntima que recibirá a los comensales con botanas y platillos originales. Mientras tanto, el hotel ofrece un servicio de desayuno y comida en el segundo piso, también con la calidad de la chef Ortiz, exclusivo para sus huéspedes. Las Alcobas Presidente Masaryk 390 Polanco T. (55) 3300 3900 www.lasalcobas.com