del vino y del buen vivir

Savanna Samson, Del porno al vino

No es muy común que un personaje de películas “para adultos”, ese eufemismo que se utiliza habitualmente para “porno”, trascienda más allá del plató donde se desarrollan sus lúdicas escenas. Y cuando ha sucedido, como en el caso de la Cicciolina -en verdad es el único otro ejemplo que encuentro-, ha sido en el terreno de la política, no en el del vino. Pero hoy día casi todo tiene algo que ver con vinos (estoy exagerando), y aquellos que invocan en cualquier plática sobre esta bebida su sensualidad, ¿no habrán sembrado el terreno para que esa asociación se vuelva más gráfica?

El caso es que la actriz porno Savanna Samson, “née” Natalie Oliveros, es la primera en probar que el vino no comienza necesariamente en el viñedo, como tantas veces se ha dicho, sino en la cama. Sin embargo no me parece que haya que sorprenderse –como ha sucedido con algunos colegas críticos de vino- de que esta ex estrella y ahora bodeguera estadounidense haya hecho carrera en la industria vinícola. Le puede ocurrir a cualquiera, incluida Savanna, aunque no faltará quienes supongan –erróneamente- que una actriz o actor porno es algo así como un espectro, cuando en verdad no hay nada más corpóreo. Es decir que confunden la fantasía con la realidad.

En las áreas más respetables del espectáculo hollywoodense, en las cuales hay igualmente sábanas pero más almidonadas, una cantidad importante de actores, actrices y directores de cine ya ha probado el dulce sabor de las uvas y su transformación en vino –los más recientes: Brad Pitt y Angelina Jolie- así que el deslizamiento hacia el género porno estaba cantado. Debía suceder, tarde o temprano.

Que haya sido con Natalie Oliveros tampoco sorprende. Las descripciones que he leído acerca de su carácter –obviando el rasgo de la calidez, que lo doy por descontado- hacen hincapié en su inteligencia, que le ha permitido junto a otros méritos ganar varios premios en el género porno (mejor escena en grupo, mejor trio, mejor escena lésbica), y varios también por un film con cualidades adicionales, New Devil in Miss Jones, un remake que fue distinguido en la historia del cine en general por su alambicada historia.

Llevado por la curiosidad –únicamente-, busqué alguna de sus actuaciones en youtube y encontré un video en el que mantiene una actitud diferente, hierática, poco común en el género. No que no le entre con entusiasmo, pero lo hace generando una extraña distancia con la escena. Todo esto sucedió en la década de 1990. Diez años después Oliveros, de la que -mito o realidad-, se dice que entró en esta industria incitada por su marido, que quería verla en acción sin formar parte de ella, ya la había abandonado por el vino.

Esa transición, que es la otra parte notable de la historia, no se dio de cualquier manera. La logró asociándose con Roberto Cipresso, uno de los enólogos más brillantes de Italia. Originario del Venetto y radicado en Toscana, se relacionó con la Oliveros en 2006 y entre ambos compraron la bodega La Fiorita, en Montalcino. Retrocediendo otra vez a los 1990, mientras Vanessa organizaba su fama en celuloide Roberto montaba proyectos que lo hacían famoso en Italia como enólogo artístico y creativo.

En esa década del siglo pasado creó Winecircus, una bodega dedicada a recuperar cepas olvidadas de la Toscana, así como a la resolución de los múltiples desafíos de la vinificación, y Wine Tailoring, empresa para hacer vinos a la medida. Escribió tres libros, Il Romanzo del Vino, que le valió un premio importante en Italia, Vinosofia y Vineide. Además de distinguirse desde entonces por sus Brunello di Montalcino, se convirtió en lo que se llama un flight winemaker, es decir esos enólogos que ofrecen consultorías en diferentes partes del mundo, y en 2009 fue nominado enólogo del año en el festival del vino de Merano, el más afamado de Italia.

Además es enólogo y socio de la bodega Achaval Ferrer de Argentina, cuyos malbec están catalogados entre los mejores de ese país. En 2009 fue la bodega del año para la revista Wine & Spirits y en este 2013 su Bella Vista 2010 está en la lista de los 10 mejores vinos del mundo de la revista americana Wine  Spectator. Del otro lado del Atlántico, los Brunello di Montalcino de La Fiorita han recibido invariablemente, desde su primera cosecha, más de 90 puntos de Robert Parker.

Ahora Natalie Oliveros, ya madre y alejada de las tablas y los colchones, promueve sus vinos en Nueva York, donde reside, y asegura, como es fácil de imaginar, el incremento de la demanda (seguramente más aún de su vino Sogno, que lleva su imagen en la etiqueta), mientras pasa otra parte del año entre las hermosas y suaves colinas (sin albur) de la Toscana. Y ha logrado, con astucia y visión, demostrar que puede ser igualmente exitosa en un género de pasión no menos universal, como la que despierta el vino.