del vino y del buen vivir

Rioja Clásica y Moderna

Rodolfo Gerschman

Dice la leyenda que el primer viajero en llegar a La Rioja fue Tubal, un nieto de Noé traumatizado por el diluvio. Se internó rio arriba por el Ebro y desembarcó cerca de Logroño prometiéndose encontrar una montaña lo bastante alta para que la ira de Dios no lo alcance en caso de antojársele otra lluvia de esas. 

No hubo más diluvios, pero la región fue sacudida por sucesivas invasiones: las legiones romanas (y con ellas llegó la vid), los bárbaros, los árabes, intentos de reinos vecinos por agandallársela y, aprovechando la proximidad, incursiones de los ejércitos franceses entre los siglos XVI y XIX con similares intenciones. En el siglo XX, en cambio, tras la Guerra Civil, el hielo fanquista congeló al país en un prolongado sopor, incluida Rioja. El mundo del vino –al igual que el de la cocina- se mantuvo durante décadas al margen de los espasmos evolutivos que sacudían a Europa.

Pero Rioja era desde antes la región vínicola más vanguardista de España, la primera en asimilar los desarrollos enológicos franceses del siglo XIX y la primera en tener un Consejo Regulador, creado en 1926, germen de la denominación de origen. Ésta terminó de cuajar en 1970, cuando fueron redactados sus reglamentos. Con el cambio de régimen y el despertar del país, advino el de las regiones y la creación de las comunidades autónomas. La de La Rioja vio la luz en 1982.

La dispar cronología refresca la diferencia entre la comunidad autónoma de La Rioja y la Denominación de Origen Rioja, con sus tres subregiones: Alta, Alavesa y Baja. Ambas nacieron en momentos y con delimitaciones diferentes. La D.O. abarca más de 63 000 hectáreas de viñedos, pero no todas están en la comunidad autónoma de La Rioja. Más de 6 500 hectáreas de Rioja Baja integran la comunidad de Navarra. Las algo más de 13 000 hectáreas de Rioja Alavesa son parte de la comunidad autónoma del País Vasco. La Rioja y la D.O. Rioja sólo coinciden plenamente en Rioja Alta.

A Alavesa y Alta se las ha considerado siempre privilegiadas en clima y suelo. Aunque la primera recibe sobre todo la influencia climática del Atlántico, morigerada por la muralla de la Sierra Cantabria, y la Baja está más expuesta al influjo mediterráneo, la región en su conjunto tiene como particularidad estar a tiro a la vez de los vientos cálidos y secos que suben desde el Mediterráneo y los vientos fríos y húmedos del norte. Los naturales y sobre todo los viticultores hablan, en consecuencia, de “años más mediterráneos” o “años más atlánticos”. Y a veces de un “mix” de ambos.

Estas peculiaridades dieron lugar a una tradición que puede extinguirse en cualquier momento: la de mezclar uvas de las tres subregiones. Algunas bodegas innovadoras indujeron luego al cambio de costumbres; popularizaron el vino de pago, elaborado sólo con fruta de una propiedad determinada y erosionaron así aquella tradición: Artadi, ahora ya fuera de la D.O. (Pagos Viejos, Viña El Pisón, Viñas de Gaín); los hermanos Eguren (La Nieta, Finca El Bosque, San Vicente, Sierra Cantabria); Benjamín Romeo (Contador, Viña de Andrés, Predicador); Fernando Remírez de Ganuza (Trasnocho, Viña Coqueta, Fincas de Ganuza); Roda (Roda I, II y Cirsion), Telmo Rodríguez (Lanzaga, Corriente, Las Beatas), entre otras. Y dos más que nunca claudicaron en hacer vinos de viñedo propio y singular: Remelluri y Marqués de Murrieta.

Todo esto es parte de la pequeña revolución que han alumbrado las tres últimas décadas en Rioja, D.O. a la vez isquémica y torrentosa. El otro tema es el de las cepas. Los rioja solían ser mezcla de Tempranillo, Garnacha y –aunque no siempre- Graciano. La primera venía de Rioja Alta y Alavesa; la segunda de Rioja Baja. La primera -se decía- aportaba fineza y estructura; la segunda alcohol. Finalizando el siglo pasado hubo bodegas que abandonaron también esa tradición y se enfocaron en la Tempranillo, convertida en credencial de vinos de alta gama.

Pues bien: hoy día viene el reflujo de aquella moda, que puede convertirse en tsunami. Algunos productores han comenzado a interpretar como pérdida de identidad el abandono de garnachas y gracianos. En consecuencia regresan a los ensambles de las tres o incluso a los varietales, como en el caso del Graciano. Y han concebido otra novedad que subvierte, en base a la redefinición de microclimas, la estricta superposición de geografía y cepas. Sostienen que estas últimas, plantadas en terruños diferentes a los acostumbrados y con conducciones apropiadas, develan cualidades inesperadas. 

La tradición indicaba también largos periodos en barricas americanas de varios usos, cuya capacidad de aportar aromas naturales (y taninos) era muy poca. La modernidad introdujo casi obligatoriamente barrica nueva de roble francés y, consecuentemente, acortó los tiempos. Pero incluso bodegas que fueron muy radicales en plegarse a ese cambio, ahora se avienen a conciliar tipos diversos de maderas y escenarios de añejamiento. Lo que permanece intocado, en cambio, es la tradición de afinar el vino en botella varios años, también legislada por la D.O. En consecuencia, los vastos botelleros subterráneos de las vinícolas siguen estando entre los grandes atractivos estéticos de Rioja.

La arquitectura también marca fronteras. Viña Tondonia encargó parte de la fachada de su sede de Haro a la arquitecta iraquí recientemente desaparecida Zaha Hadid y concibió un injerto ultramoderno que cobija a instalaciones centenarias. Las viejas naves siguen albergando vetustos tinos de madera, además de telarañas y gruesas costras de hongos en las paredes. Cune, también en Haro, y Rioja Alta, recurrieron a la estrategia inversa: el edificio es el mismo de antaño, pero los interiores abrazan la funcionalidad que marcan estos tiempos. En otros casos el vuelco a la arquitectura de vanguardia es total y homogéneo, como en la imponente Ysios, proyectada por Calatrava, o el edificio semienterrado de Campo Viejo o la nueva Contador de Benjamín Romeo, inaugurada en 2009 con un concepto también bioclimático de naves bajo tierra y cubiertas vegetales para el aislamiento térmico. 

Otras empresas combinan tecnología de punta diseñada a medida, higiene extrema y paredes históricas. Sucede en Remelluri, finca decimonónica erigida sobre importantes vestigios -una necrópolis del siglo X y un monasterio medieval-, y en la Ciudad del Vino de Marqués de Riscal, que al cumplir siglo y medio de vida dio unidad a un complejo en el que conviven cavas primigenias, nuevas instalaciones equipadas con tecnología state of the art y un hotel con el sello inconfundible del arquitecto Frank Gehry, dotado de un centro de vinoterapia y restaurante dos estrellas Michelin. Casi un parque de diversiones vínico.

En la Rioja contemporánea conviven la diacronía de fenómenos paralelos y su casi imposible simultaneidad en el presente. En el sabor de sus vinos pueden encontrarse añejas alquimias de tierras y barricas junto a la expresión moderna de cepas cuyos sabores modula una sofisticada variedad de maderas francesas; el encanto de los edificios centenarios ampara la creatividad disruptiva de los arquitectos más afamados y cosmopolitas; la cocina contemporánea y el trajín tapero de la calle Laurel en Logroño nutren la misma gula. En fin: la galaxia del vino y su infinito aporte a la gastronomía late en esa región como en pocas otras del planeta.

 

(Abril es el mes de Rioja en La Europea, con degustaciones en sus tiendas de una inacabable variedad de etiquetas y ofertas excepcionales)

 

DATOS ÚTILES

Bodegas

 

Benjamín Romeo-Contador (Ctra. Baños del Ebro, km 1. San Vicente de la Sonsierra. Tel.: 34 941 334 228)

Nuestra Señora de Remelluri (Ctra. Rivas de Tereso, s/n. Labastida. Tel.: 945 331 801. www.remelluri.com)      

Ciudad del Vino Marqués de Riscal (c/Torrea 1. Elciego. Tel.: 34 945 606 000. www.marquesderiscal.com)

Bodegas Fernando Remírez de Ganuza
C/Constitución, 1 - 01307 Samaniego (Álava)
Teléfno: 945 60 90 22 cristina@remirezdeganuza.com

De pinchos y vinos

En las tabernas de la calle Laurel: Ángel (especialidad, champiñones a la plancha), Casa Pali (berenjenas con queso), Taza (pepinillos rellenos de anchoa), Achuri (patatas bravas).  

 

Museos
Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco (Ctra. Nacional 232, km 442. Briones. Tel.: 34 941 322 323. www.dinastiavivanco.com)

 

Hoteles emblemáticos

Hotel Viura (c/Mayor, s/n. Villabuena de Álava. Tel.: 34 945 609 000. www.hotelviura.com) 33 habitaciones. Desde 125 €

Hotel Riscal (arquitectura de Frank Ghery)

c/Torrea 1. Elciego. Tel.: 34 945 606 000. www.marquesderiscal.com