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Bacteria fastidiosa llega a Europa

Las vides y olivos mediterráneos son acechados por un enemigo invisible: la bacteria Xylella fastidiosa, causante de la enfermedad de Pierce y detectada por primera vez a inicios de agosto en los suelos de la isla de Córcega, Francia. 

Este microorganismo, que año con año genera importantes pérdidas agrícolas y económicas en los viñedos de California, estimadas en 104 millones de dólares anuales, arribó a territorio francés luego de haber arrasado el año pasado más de 20 mil hectáreas de olivos de la región de Puglia, en Italia.

La noticia de su propagación a territorio francés provocó la reacción de la Organización Europea y Mediterránea de la Protección de las Plantas (EPPO), instancia que aseguró haber implementado "medidas de erradicación inmediatas”. Funcionarios de la Unión Europea, por su parte, dijeron que si bien todavía hay "un bajo riesgo de contaminación en Francia”, esta bacteria “representa un peligro importante para el territorio de la UE”.

No sé sabe exactamente cómo apareció en los suelos europeos, pero se especula que pudo haber llegado de Costa Rica, a través de plantas ornamentales de café que estaban infectadas con el microorganismo y que fueron exportadas el año pasado.

La transmisión de esta enfermedad ha sido motivo de preocupación para los agricultores europeos, quienes temen su propagación hacia otros países productores de vid y olivo del continente, como España, Grecia, Francia y Portugal.

La Xylella fastidiosa es una bacteria nativa del continente americano y sus vectores o agentes de transmisión son insectos que se alimentan del xilema (tejido conductor de la savia) de las plantas; una vez alimentados, los insectos adquieren la bacteria y transmiten la enfermedad.  El adjetivo “fastidiosa” deriva de la dificultad para aislarla en laboratorio.

La infección que propaga fue bautizada en honor al patólogo Newton Pierce (1856-1916), quien descubrió la bacteria en 1892, al examinar uvas infectadas de las viñas de Anaheim, California. Su  infestación es lenta pero mortal, ya que no tiene cura en la actualidad.

En el caso de la Vitis vinifera no hay una sola variedad resistente a la enfermedad. Las cepas Chardonnay y Pinot Noir son especialmente sensibles a su ataque, mientras que las Riesling, Sylvaner y Chenin son más resistentes.

La bacteria puede alojarse en más de 300 plantas huésped y sus principales víctimas, además de la vid y los olivos, son la mimosa, la adelfa, los almendros, las plantas de café y las ornamentales, por lo que representa un grave peligro para la economía agrícola.