del vino y del buen vivir

Atrio Monumental

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la ciudad española de Cáceres es aún más monumental desde que aloja al nuevo hotel boutique Atrio.

Han tardado siete años en cumplir su sueño, pero por fin el afamado chef español Toño Pérez y el sommelier José Polo han abierto Atrio, un hotel boutique situado en el casco monumental de Cáceres, cuyas instalaciones acogen la nueva ubicación de su restaurante, considerado desde hace mucho, el mejor de toda Extremadura, y distinguido con dos estrellas Michelin.

“Siempre hemos querido tener un es- pacio donde recibir, mimar y hacer vivir una experiencia única a nuestros clientes”, asegura Polo. Y no se han quedado cortos en ello: diseñado por un prestigioso estudio de arquitectos, decorado con sobrios muebles daneses de madera tallada sin pulir, y engalanado con la colección de arte contemporáneo que Polo y Pérez han reunido en los últimos treinta años de vida conjunta, cada rincón de Atrio y cada detalle del servicio refleja la personalidad de sus dueños. Es la concepción del lujo mejor entendido.

Contrastes luminosos

Lo primero, y quizás más espectacular del nuevo hotel es su ubicación: en la plaza de San Mateo, cerca del Aljibe y con vista a la iglesia del mismo nombre. Allí, el estu- dio de los arquitectos Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla (Premio Nacional de Arquitectura 2003 y Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea “Mies van der Rohe” 2007), han proyectado un edificio de dos alturas, además del sótano que alberga la bodega –“la joya de la casa”, afirman sus propietarios– y un delicioso ático con dos pequeñas piscinas y magnífi- cas vistas de la ciudad monumental.

Sólo el exterior revela la antigüedad de la finca, ya que se ha preservado la fachada original con sus muros de mampostería (algunos del siglo xvii), los vanos y demás elementos acordes al entorno histórico del centro de Cáceres. Una vez traspasado el umbral, el visitante se encuentra con la moderna estructura de jambas rectilíneas que regala un mágico juego de contrastes luminosos.

En los espacios compartidos, los muros de roble lacado en blanco, los suelos de granito negro y el mobiliario dan lugar a un ambiente en el que predomina la calidez y la serenidad. Aunque sin duda, lo que más sorprende es la colección de arte que adorna algunas de las paredes –incluso las de las habitaciones–, en la que se pueden encontrar obras originales de Andy Warhol, Antonio Saura, Antoni Tapies, Georg Baselitz, Candida Höfer, Gerardo Rueda y Thomas Ruff, entre otros artistas.

Las catorce habitaciones de Atrio –nueve dobles y cinco suites– disponen de gran- des ventanales (incluso en los baños) con estratégicas vistas de la ciudad, y están equipadas con tinas gigantes, duchas con efecto de lluvia, pantallas Apple con televisión y computadora integradas y camas king size, con cuatro almohadas de plumas y sintéticas, sábanas de 500 hilos de algodón peinado y colchones de máximo confort.

El Comedor y El Corazón

Como no podía ser de otra forma, el co- razón de este Relais & Châteaux se sitúa en el restaurante. Si desde hace décadas ,Atrio se mantiene como el máximo referente gastronómico de Cáceres, hoy mucho más, con este escenario de ensueño. En el comedor, la luz se cuela por las ventanas que dan al atrio del hotel y a un pequeño patio ajardinado, donde se puede desayunar y cenar en verano y en el cual el chef Toño Pérez cultiva su jardín de madroños, naranjos y plantas aromáticas.

El restaurante dispone de 16 mesas, situadas en torno a una estructura com- puesta por múltiples mesitas de servicio, que en las horas de ajetreo se desmontan en una singular performance. En la cocina, Pérez continúa interpretando con exquisitez los productos de su tierra, sin rehuir la elaboración de manjares de otros orígenes: navaja con loncheja ibérica y curry, criadillas de tierra con pasta, hongos y jugo oloroso, careta de cerdo ibérico con cigala y jugo cremoso de ave, vieira asada con setas y hongos, cabrito asado al tomillo, pluma ibérica con melocotones salteados, manitas de cerdo ibérico con ostra y estragón, pichón y perdiz asados o torta del Casar con membrillo y aceite.

La “Capilla” de Yquem

Por fin, el sótano del edificio esconde el tesoro mejor guardado: la bodega. Como bien saben los enómanos europeos, Atrio atesora una de las mejores bodegas de España. No por nada el restaurante extre- meño ostenta desde 2003, el Best Award of Excellence, la máxima calificación en la “Dining Guide” de la prestigiosa revista estadounidense Wine Spectator.

El problema, hasta hace poco, era que la suntuosa bodega que con buen tino y paciencia fue reuniendo José Polo a lo largo de más de tres décadas, no lucía como debía en el local original: permanecía oculta en reductos separados, repartidos entre las tres plantas del viejo Atrio.

Ahora, la fabulosa bodega de Atrio, en cambio, ha encontrado en el nuevo emplazamiento del hotel su espacio ideal.

Instalada en el sótano del flamante edificio, ha sido equipada con baldas de madera, algunas con líneas curvas, y luces individuales para cada nicho, y alberga unas 35,000 botellas, correspondientes a las 3,000 referencias procedentes de 20 países productores, que constituyen la carta de vinos de Atrio. El summum del formidable conjunto, valorado en más de dos millones de euros, es la singular “capilla” que reúne la mayor colección de botellas de Château d’Yquem –el legendario vino dulce de Sauternes– jamás soñada: más de 70 añadas distintas, desde la inhallable 1806 hasta el accidentado Château d’Yquem 1900, que Polo y Pérez tuvieron que llevar con urgencia a Burdeos porque la botella se rompió pocas horas después de que la hubieran adquirido en una subasta en Londres.

Desde luego, no cabe duda que los suntuosos vinos de Yquem son el gran amor de Polo, pero en la nueva bodega de Atrio hay muchas otras cosas en las que entretenerse: verticales de los premier cru classés bordeleses, viejos Petrus, champagnes venerables y lo más preciado entre los vinos españoles de colección, como el Vega Sicilia 1918.

La calidez con la que los propietarios del hotel-restaurante reciben a sus clientes invita a animarse a descorchar alguno de estos vinos míticos. Nada más monumental que permitirse ese homenaje en la monumental Cáceres.