del vino y del buen vivir

Blog de LuisMiguelAuza

El chip Bajacaliforniano

Hay cuando menos dos formas de ver a Tijuana en lo que a su posición geográfica se refiere. Estamos en las antípodas de aquella otra puerta de entrada y salida en el sur de México, llamada Chetumal. Somos, sí, la frontera más cruzada del mundo y otrora centro receptivo de la industria maquiladora, condición que el Bajío nos ha ido arrebatando poco a poco, ahora con industrias más limpias y de muy alta tecnología. También somos el punto medio entre dos mundos vinícolas sorprendentemente similares.

Divino adivino

Díganme si no. Cuando los que andamos en este sufrido mundo de las catas describimos un vino, seguimos la pauta que marcan los críticos de arte. En cualquiera de las manifestaciones artísticas -o creaciones, como dicen los clásicos-, el escrutador se concentra adoptando la postura del depredador que está a punto de saltar sobre su presa. Quizás exagero un poco pero el análisis de una obra, cualquiera que esta sea, demanda la concentración absoluta de nuestros sentidos para, primero comprender, luego interpretar y finalmente opinar.

¿VINOS ARTESANALES?

No es lo mismo sacar a pasear al niño que hacerse cargo de él hasta el día que deba jugarse la vida por sí mismo. Comprar y guardar un vino y escoger el día en que habremos de presumirlo en sociedad es una cosa, meterse a producirlo, bajo el manto protector de la palabra “artesanal”, otra muy distinta. La lista por palomear es larga. Entre otros compromisos: la selección adecuada de la fruta, el momento en que ha de ser cosechada, el cuidado de su traslado a la bodega, la higiene del sitio destinado para su elaboración y las condiciones idóneas de los equipos con los que habrán de realizarse las diversas etapas de su ciclo industrial.

¿Soy lo que parezco?

¿Qué quieres ser cuando seas grande? Pregunta sencilla que anima a una rápida respuesta; sin embargo, en el caso de hacerse realidad, implicará una cantidad innumerable de supuestos intermedios para alcanzarla. Parece que hoy vemos a un niño que por fin se decide a crecer, sin saber bien a bien a dónde quiere llegar. El jardín que habitamos es pequeño, apenas tres mil quinientas hectáreas en un viñedo mundial de millones y en el que una sola vinícola produce la mitad del vino que aquí se elabora.

Lo que quedó de las fiestas

Cuando una fiesta termina las cosas vuelven a lo que llamamos la normalidad, es decir, a la rutina de la vida diaria, esa que nos vamos construyendo cada día de nuestra existencia mientras sigamos teniendo la suerte de levantarnos por la mañana. Y ya levantados es que hacemos el recuento de los hechos. Las Fiestas de la Vendimia de este 2013 en el Valle de Guadalupe y sedes alternas, han llegado a su fin.

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